Yo escribo en blogs para quejarme, como casi todo el mundo. Es más, tenía un blog que se llamaba Libro de Quejas. Y me parece entendible que sea así: si bien en el mundo hay cosas muy buenas, también las hay muy malas. Dios, ¿en qué estabas pensando cuando creaste las cucarachas voladoras? Ya ahí mostraste la hilacha, dándonos a entender que vivir en este mundo no iba a ser un chiste.
Lo que voy a hacer a continuación, y tal vez en otros posts, pero es sólo un tal vez, es inventar un mundo imaginario que sea el reverso del mundo del que yo me quejaría. Por supuesto que va a ser un mundo de trivialidades, para que no sea muy aburrido.
Voy a probar con este ejemplo: Es común que en el banco, o en el Burger King, alguien se enoje y quiera hablar con El Gerente; pero El Gerente no aparece. Vamos a ver esa situación en el mundo imaginario.
PERSONA: No puedo creer que en un banco haya que hacer cola. Argentinos, hay algo que estamos haciendo muy mal y por eso estamos como estamos. Voy a adelantarme para que me atiendan a mí primero.
CAJERO GENÉRICO: Tiene que hacer la cola, señor.
PERSONA: Esto me parece un atropello a la razón. Quiero hablar con El Gerente.
CAJERO GENÉRICO: Sí, usted manda.
[Aparece El Gerente]
EL GERENTE: Hola, ¿en qué puedo ayudarlo?
PERSONA: No quiero hacer la cola como los demás. Atiéndanme primero.
EL GERENTE: Excelente. Hoy, cuando me desperté, sentí muy adentro de mí que iba a ser un día en que cometería una injusticia para caerle simpático a un cliente cualquiera, a riesgo de ser linchado por todos los demás. ¡Pero a vos te mandó Dios! Por favor, atienda a este señor, Cajero genérico.
PERSONA: Ja ja ja. ¡No exageres, che! [Dirigiéndose al Cajero genérico] Y vos, ¿no viste? No podés resolver nada, alfeñique. Por eso hice que viniera El Gerente.
CAJERO GENÉRICO: ¡Pero claro! Si mi vocación no fuera recibir insultos, ¿por qué estaría acá? Yo esto lo haría aunque no me pagaran.
EL GERENTE: Te tengo una yapa. Te cambio cincuenta pesos en monedas.
PERSONA: ¡Oaaaa!
SEÑORA MAYOR: Disculpen, hace una hora que estoy en la cola para que me cambien dos pesos en monedas.
EL GERENTE: Me temo que no será posible, abuela. Se lo puedo dar en caramelos.
PERSONA: Mire, señora, acá somos todos iguales; espere como los demás. Usted tendrá que usar un carrito de heladero para caminar, pero todos tenemos nuestros problemas. Yo, por ejemplo, no sé dónde guardar cincuenta monedas de un peso.
SEÑORA MAYOR: Sí, en eso decís la verdad, querido. Y te voy a decir otra cosa: mi época era una porquería. ¡Aguante el presente!
PERSONA: ¡Oaaaa! [Sale].
La película por televisión
Hace 4 días
